Qué diseñé
Tandem organiza subastas en vivo por internet. Diseñé la experiencia y la interfaz (UX/UI) de la plataforma donde ocurren: la sala donde la gente puja y el panel desde el que se dirige la subasta. El desarrollo quedó fuera de mi encargo.
El problema
Una subasta es un problema de segundos. Si quien puja no tiene claro lo que está pasando, empiezan a pasar cosas caras: dos personas creen que van ganando a la vez, alguien ofrece de más por un lote que ya había subido, o alguien deja de pujar porque no se fía de lo que ve.
El sistema que tenían se sentía lento y desordenado. Y una subasta que la gente no se cree, pierde pujas: si dudas de lo que ves en pantalla, dejas de ofrecer.
El segundo problema era del otro lado del mostrador. Quien dirige la subasta tenía que manejar el catálogo y las fotos sobre la marcha, y eso se convertía en un cuello de botella justo cuando menos podía permitírselo.
Cómo lo resolví
La sala se diseñó alrededor de un solo instante. El momento en que alguien decide si sube su oferta. En esa pantalla solo sobrevivió lo que ayuda a esa decisión: cuánto va, cuánto queda de tiempo y el botón para pujar. Todo lo demás estorba.
Que cada cambio se note. Diseñé cómo se muestra una puja nueva y el tiempo que se agota para que nadie tenga que buscarlos: el cambio salta a la vista en cuanto ocurre. Es lo que hace que la gente confíe en lo que está viendo y siga pujando.
El que dirige la subasta también tiene su sitio. Un panel donde controla el catálogo y sigue cómo va cada lote, sin pelearse con hojas de cálculo mientras la puja avanza.
Pensada para el móvil. Mucha gente puja desde el teléfono, con una mano y contra reloj. Por eso cada pantalla se diseñó primero para el móvil, con lo esencial al alcance del pulgar.
El resultado
El diseño de una plataforma donde la subasta se siente en vivo de verdad, y donde quien la dirige tiene el control sin salirse de una sola pantalla.
La interfaz es oscura y sobria, con un acento morado que solo aparece donde importa: el botón de pujar y el lote activo. En una interfaz que la gente mira con tensión y contra reloj, cada elemento que compite por atención cuesta dinero.